Nadie. El mundo entero duerme o se ha mudado a otra galaxia. Por más que recorro los distintos paisajes, entro en las ciudades, en las casas, traspongo bóvedas, puertas, ventanas, lugares recónditos, bosques, ciénagas, palacios. Bajo al fondo del mar. Subo a las montañas mas altas. Camino los calientes desiertos.
Nadie.
No hay animales, ni humanos. Solo plantas, rocas y yo.
Cada día estoy olvidando algo nuevo. Empecé olvidando a los seres cercanos y queridos. Olvidé libros, músicas, obras. Estoy escribiendo mis últimos recuerdos, pero temo que llegue el día en que ya no sepa escribir o no recuerde leer.
Al principio esta situación me generaba una inmensa ansiedad. Lentamente me voy serenando. Aceptando.
Debo encontrar una forma de recordarme.
Un modo de no desaparecer por completo en la niebla...
(Continuará)