viernes, 15 de agosto de 2014

Huellas de

Breves notas. Aire denso. Limón, arándanos, jengibre, canela, sal y guirnaldas de estrellas. Un submarino verde en un mar de escarapelas escritas en cirílico haciéndole un piquete a la luna llena, para que se ponga tímida detrás del cerro y la nostalgia. Esas ganas de andar en pata, en siestas, sin casi nada. De quedarse viendo el viento con los ojos cerrados. Y la constancia de la ternura. Esa aridez de las palabras y la floreciente exuberancia del silencio enhebrado en hilos de seda, plata y percal. Bordados de antaño, cuando el tiempo era de organza y metales herrumbrados. No como ahora, que tecnológicamente se evapora más rápido que una tetera olvidada en el fuego. Siesta. Andar descalza sobre el piso caliente y ese silencio pegajoso acariciándola a una, como una laguna en primavera. Y no se puede olvidar lo que no termina. Los satélites pasan de tal hora a tal otra, y hay que quedarse viendo sin pensar en cosas porque se esconden en los ojos detrás de los ensueños. Y no dejo de sentir. Caminar hasta dejar huellas con los pies descalzos y las alas rotas, sabiendo que no vuela quien tiene alas sino quien cree. Que si querés vas a estar entre las nubes y el sol  con las ganas infladas como cien globos de cumpleaños. Y que porquería esto de no poder encontrarte todavía.

jueves, 14 de agosto de 2014

De finitas

Cuántas partes del sueño de anoche siguen en tu memoria?
Cómo saber si vas o venís de un sueño y cuál es la realidad. Acaso solo puede haber una realidad o cada sueño es real, cada segundo en otra realidad es tan real como cualquier realidad?
Y qué le da carácter de real a algunas cosas? Cuántas categorías de realidad existen y cuántas pueden ser captadas?  Qué tan no real, menos real, más real, puede ser cualquier cosa?
Otras vidas transcurren cuando otros aspectos se ponen en marcha. Las partes invisibles y visibles de nuestro ser pueden estar teniendo experiencias en otras dimensiones, y solo recordamos rastros, insignificantes designios, intuiciones, magia....cosas que no podemos explicar con nuestra pequeñísima porción de cerebro en uso.
Porqué una sola realidad, porqué una sola vida, porqué un solo mundo?
Solo por el hecho de que no podamos recordar concientemente otras experiencias no podemos negarlas... ni afirmarlas.
Sin embargo, alguna parte de vos. Esa. Sabe.

domingo, 10 de agosto de 2014

Ya va a pasar

Yo me canso de estar acá tan quieta, como una esfinge de mármol que sabe todas las respuestas e ignora la más mínima pregunta..Me canso de estar sentada en esta cornisa de la esquina del universo mientras todo pasa tan rápido allá abajo en esa interminable y loca cinta de Moebius que no sabe a dónde va pero está siempre apurada y corre todo el tiempo sin ver  a nadie ni nada.
También me canso de esperar ya sin esperanza, de esforzarme todo el tiempo para yacer sobre el inútil juego de sombras chinas del tiempo. Y ya no me importa saber el sentido exacto de los intersticios de la memoria, ni el fin penúltimo de la razón sistemática. Ya no puedo creer ni lo que no creo porque las razones y sinrazones de los decires y los silencios se han enloquecido irremediablemente y ya no hay un rincón donde llorar y secarse las lágrimas después, cuando todo, tan inconmoviblemente. Pasa.
A veces necesito gritar muy fuerte, desgañitarme, quedarme disfónica aunque sea por dentro. Sacar afuera todo lo que me callo siempre por ser una nena buena, aunque ya no sea una nena y nunca fui buena del todo. Desbaratar el mundo. Sacudir el polvo cósmico de la trascendencia pacifica y solemne. Renunciar para siempre a todas las seguridades y arrojarme a todos los precipicios posibles y después peinarme y arreglarme el vestido y poner cara de ya está, aunque nunca está nada. Porque esto no para de pasar y cada vez miro una cosa distinta y yo distinta y mis hormonas y mi visión, y mis ganas y mi paciencia y mi fantasma y mi cielo y mis millones de locas partes estalladas y confusas y resueltas al abastecimiento definitivo en medio del estallido final del multiverso, empecinada en concentrarme deleitada en la simple belleza de un reflejo, de un segundo, que pasó.