lunes, 28 de julio de 2014

Laberinto II

Los tiempos cambian, se acortan, se desvanecen en el aire...
Los seres nacen, crecen, se desarrollan, alcanzan su máximo esplendor, decrecen, se disuelven, se resuelven...
La flor era semilla y será abono de futuras flores.
Los ciclos se siguen cumpliendo. Aunque no sean círculos perfectos sino espirales. Crecientes o decrecientes según la dirección elegida.
Azar o destino? Pensamos en tomar una decisión, o la justificamos cuando ya es un hecho?
El poder de crear mundos propios crece al final de la duda. La duda, que pareciera ser una defensa, se vuelve el último obstáculo.
Y una vez traspuesta la puerta, la llave desaparece....

domingo, 27 de julio de 2014

Dibujando


Algunas veces me siento como un lápiz, que danza, solo, sobre una infinita hoja en blanco. Ignorando que determinadas perspectivas interpretarán su huella como un mensaje determinado.
Y cuando especularmente me siento en la orilla del precipicio de la duda, suelo reorganizar la mirada.
Mi mente, como un torrente desbordado al quitar la roca que la encauza, delira a tantas revoluciones que abandono, y no la sigo. La dejo andar por sus asociaciones, sus memorias y fantasías enredadas, sus elucubraciones místicas y disociadas. La dejo derramarse sobre lo hecho. Y cuando se ha volcado y vaciado, estoy lista y liviana para volar de nuevo, a la inmensidad de la creación.
Y es allí, donde me diluyo, como los finos pigmentos de la acuarela en un dibujo mayor que desconozco, aunque formo parte. El agua fluye y el pigmento tiñe, el movimiento provee la esencia. La obra esta siendo llevada a cabo. No hay elecciones buenas ni  malas que nos retraten en un instante y nos congelen. No hay  necesidad de quedar sujeta una predisposición orgánica. No se precisa definir la esencia. La danza creadora está sucediendo. Ahora...ahora...siempre


sábado, 26 de julio de 2014

Detenida



Siempre a salvo de la elección equivocada, vamos intentando armar el puzle adecuado.
Las imágenes cobran fuerza de palabra cantada en la cima de la montaña guerrera. Y el Minotauro se revuelca en su inconsciencia de encierro.
Seguimos, con los pertrechos disminuidos y desvencijados. La nave no espera en los puertos, los puertos se han hecho solo para partir. Cuando uno espera es que ha partido antes y sabe de regresos, como parte fundamental del viaje. Pequeños momentos de percibir el transcurso del tiempo como algo definitivo.
Qué me une y qué me diferencia del astro, estrella que persigue un curso previsible?
No puedo asegurar que la entidad entera o alguna de sus partes no se detenga a veces a pensar a cerca de su viaje. Tal vez como una sucesión existencial de pormenores que adolecen de sustento lógico para la precariedad de la mirada del momento.
Tal vez solo estoy siguiendo mi curso. Y me entretengo, pensando en las miles de opciones que no he de tomar.

Soñar morir

...El inconsciente corresponde al país mítico de los muertos, al país de los presentimientos. Así pues, cuando el alma desaparece en una fantasía ello significa que se ha retirado al inconsciente o al «país de los muertos». Ello corresponde a la denominada pérdida del alma,un fenómeno que se encuentra con relativa frecuencia entre los primitivos. En el «país de los muertos» el alma experimenta una secreta vivificación y da forma a las huellas ancestrales, a los temas colectiv...os del inconsciente. Igual que una médium, da a los muertos posibilidad de manifestarse. Por ello, muy pronto después de la desaparición del alma aparecieron en mí los «muertos», y surgieron los Septem Sermones ad Mortuos. Entonces, y a partir de tal momento, los muertos se me han convertido cada vez más claramente en voces del incontestado, del no-desligado y no-rescatado, puesto que las preguntas y exigencias, a las que yo tenía fatalmente que responder, no me vinieron de fuera, sino del mundo interior.
C.G.Jung "Recuerdos, sueños y pensamientos"

viernes, 25 de julio de 2014

Deep


Luz, materia, sonido tubular, colores iridizados, imágenes convulsivas, acuáticas, sensaciones húmedas.
Y la luz siempre existente sin determinar su justo origen, inundándolo todo. Ella despierta y se yergue de su cápsula de madreperla, no puede verme, somos de distintas dimensiones. Qué hago aquí? Qué hace ella aquí? Quién está en el lugar equivocado? 
El espejo revela detrás del humo un reloj antiguo que no anda. Está tan quieto que se diría que nunca contuvo el tiempo.
Un hombre anciano de largas barbas blancas nos mira con alguna clase de ternura milenaria.  Nos ve, a ambas, él está en una tercera dimensión. Ella no nos ve. Ella está sola. Ombligo accidental de un mundo sumergido. Detenido.
Intento entender y me duele la cabeza, entiendo que la comprensión no depende del encierro de la mente. Aspiro la luz, el hombre aprueba, me ubico en el centro y vibro con todas las partes de mi ser en sincronía. Ahora se. Ella me mira, y por un instante me ve. Entiende.
En todos los mundos se ha decretado el silencio de la palabra que no sea poesía.

Sirena

La sirena nadó hacia la roca. El aire estaba tibio. Se sentó y cerró los ojos. El sol la secaba rápidamente, cuando ya no quedaba humedad en la superficie de su cuerpo se hundió de nuevo. Ya se había alimentado.
Siguió un rayo de sol hasta que se fue desvaneciendo en la creciente penumbra del abismo. Y siguió hasta encontrar la nueva luz. Allí se detuvo un instante, observó a su alrededor, necesitaba estar segura de estar sola. Tranquila, descendió en tirabuzón a una velocidad increíble produciendo una luz verde azulada que impregnaba el agua hasta casi el fondo. Llegó, se revolcó en la materia suelta. Y nadó unos metros hasta la entrada de una cueva de coral. Miró hacia atrás y entró.
El ambiente seguía iluminado. Como si las partículas de luz fuesen sólidos en suspensión en el profundo océano.
El silencio se duplicó. Ningún ser vivo. Solo la luz, el peso del agua sobre el agua. Y el vacío.

Entonces la música creció en los oídos. Se combinó con la luz y subió. Ya cerca de la superficie se unió a un rayo de sol y emergió a la superficie. Un aire cristalino captó el sonido.
Y la vida cundió.


jueves, 24 de julio de 2014

Sueño 3


Yendo


Y tus ojos no me encuentran pero tus manos pueden sentir el aire que acabo de dejar al pasar a tu lado y decirte al oído que nunca estuve aquí.
Vos seguís tejiendo esas tramas tan bonitas que llamás vida y yo sigo enmarañando estelas de naves que van y rastros de cometas perdidos que nunca sabrán que lo están.
Somos obsecuentemente diferentes, pero podemos arribar a la misma isla después de un naufragio. Podemos coincidir en la juntada de las calles que configuran una encrucijada celeste.
Podemos no ser nada, pero hemos elegido ser coincidencia.
Y no importa mucho que el día sea claro y la noche sea oscura, porque algunas veces, aun sin que nadie los vea, el sol y la luna están juntos en el mismo cielo, que no mirás.
Pero seguimos andando, y cada tanto corremos el improbable riesgo de cruzarnos en algún aspecto de esta realidad, o en alguna no esquina de algún no lugar de el sueño que viene.

Sueño 2


Bifurcaciones

Seguí andando hasta llegar a una especie de jardín interior, un lugar agradable  a pesar del tiempo que había pasado sin que nadie se ocupara de el. Viejas estatuas contaban historias íntimas,  enredaderas que han perdido sus hojas y dejan ver la savia que corre por ellas, exóticas plantas que se convierten en alguna clase de seres con piernas que se deciden a irse del lugar y lo hace traspasando los muros como si de cortinas invisibles se tratara. Recién lo tomo en cuenta, en este lugar no hay puertas, ni ventanas, solo el cielo, allá, mucho después  de los altos muros. Un cielo nocturno pero todo aquí está iluminado por luz de día. Ya nada debe parecerme extraño. Estoy soñando otra vez y no hay ley, ni lógica, ni nada. Las cosas son. Así como son.
Estoy encerrada. En un lugar agradable, pero presa. Y ni siquiera me veo preocupada, más bien me siento a salvo. Entonces la estatua del viejo emperador me levanta como si fuera una hormiga y con su cara de piedra antigua me trata de devorar. Pero yo no quiero y lucho. Pero tiene mas fuerza y me gana, entonces estoy dentro de la estatua, no puedo moverme, atrapada entre una enorme mole de piedra deliciosamente tallada por fuera, pero agobiadoramente apretada por dentro. Decido recordar el cielo nocturno, me llama la atención un cometa con su cola color turquesa y una estela violeta y allí estoy. Montada en un cometa, libre del jardín y la estatua, en el negro infinito con lejanas estrellas titilando a mi oído que ya es hora de regresar, o de emprender el nuevo viaje.

Sueño 1


Entrada

Siempre el temor. A lo que está en las sombras, detrás del muro, a la vuelta de la esquina, debajo de la cama, traspasando la puerta...Temor desconocido a lo no comprobado...

Qué pasa si un día se daña el reflejo? Y lo que nos atrae, lo que nos emociona y provoca es justamente todo aquello que temíamos?
Y si además, una mañana, de amanecer plácido y sereno, nos encontramos, sin miedo. Ningún miedo.
Sin nada que nos detenga o sujete?
Tal vez un accidente en el ADN durante la noche, una manipulación durante el sueño... De quién? Para qué?
El mecanismo de la duda y sus transcursos mentales, también desarticulados...
Sin miedo y sin dudas!
Esto se puede poner divertido.

miércoles, 23 de julio de 2014

El laberinto

El piso, las paredes y el techo eran de piedra. Como si el corredor hubiese sido excavado en un amasijo de piedras y lava. A pesar de la dureza de las rocas, se sentía como si fuera caminando por dentro de venas o arterias o alguna cosa viva de algún modo.
El silencio era inquietante, se comía hasta el eco de mis pasos, intenté emitir algún sonido para corroborarlo, pero no podía. Ningún sonido salía de mi garganta ni aun si intentaba gritar. Quise golpear mis palmas, chocar contra las paredes o el piso, pero era imposible generar algún ruido en ese lugar.
Me toqué el cuerpo, estaba sólida. Me provoqué dolor y hubo respuesta. Yo estaba bien. Era el exterior donde algo no estaba funcionando.
Había aire, podía respirar bien, pero algo me inquietaba. Sentía la urgencia de seguir caminando, no de correr, caminar con cautela, como dándome tiempo a resolver cualquier encuentro inesperado. Debía seguir andando, ir hacia una salida.
No tenía inquietudes extraordinarias. A pesar de lo extraño o desusado de la situación, estaba calma. Solo impulsada a caminar. Llegar a donde fuera.
Había luz, no se veían lámparas ni ninguna clase de artefacto conocido que la produjera. Era una luz natural, proveniente del aire mismo.
No se cuánto tiempo caminé.
Pero estaba cansada, me apoyé a descansar en el muro y se sintió blando. Mi forma se adentró en la roca como si toda la pared no fuera mas que una lámina vinílica sobre la que se proyectara la pared de dura piedra. Me asusté. Me paré en el centro, el piso también era blando, respondía a mi pisada, no tan blando como las paredes. Algo estaba funcionando mal.
Corrí, intentando dejar atrás esa blandura casi animal, o humana.
De tanto ir por la dura roca, lo blando se había vuelto peligroso.
Mientras pensaba esto, otra vez el túnel, volviéndose más redondo, recuperaba su dureza, eso me tranquilizó.
Ahora caminaba por un túnel redondo de dura roca, iba hacia...no sabía dónde, pero esperaba que fuera la dirección correcta.

El reves de las horas


Algunas veces todo parece confabularse para el desencuentro, para la invisibilidad o peor aun, para la desgracia.
Basta entonces una sola idea reiterada, una férrea decisión de cambiar el mundo, una fe absoluta en la magia.
Y el mundo cambia. Cambia como si nunca hubiera sido de otro modo.

Entonces surge la duda.
He sido yo?  Siempre soy yo?
Nunca hay un destino, un sino, un ángel, un misterio ayudándome allá afuera del caótico universo a mi alrededor?
Soy tan solo una idea, una dirección, una decisión, un estupor, un accidente, una minúscula partícula de una nada inventada?
O soy con somos? Pertenezco a un grupo de entidades que comparten mis mismas ideas, aun sin estar de acuerdo?
Hay un solo modo de averiguarlo.
Arrojándonos en las profundidades de la inconciencia, sin temor.
La puerta siempre estará abierta, cuando debemos trasponerla.

Contame qué soñaste


Mucha gente cree que no contando sus sueños preserva, oculta o niega sus partes  oscuras, impresentables.
Pero no es así. Esas partes, todas las partes de un ser, se notan, aun sin decir nada, sin hacer nada. Porque todo lo que somos, lo que pretendemos ser, lo que evitamos ser y lo que podríamos ser.
Se nota.
Hay aspectos que una persona nunca conocerá de si misma. Esos aspectos son visibles en breves fragmentos de tiempo, para el otro. El observador, el escucha adiestrado en el silencio de la contemplación.
Cuando narramos los sucesos reales de nuestra vida, un porcentaje bastante alto de los detalles, son inventados, están cambiados, o se omiten.
Porque vivimos pendientes del odiado juicio del otro, aunque el verdadero otro esté dentro de nosotros mismos.
Solo en los sueños, en su recuerdo, somos reales.
Escudados en la defensa de que solo se trata de un sueño, olvidamos el miedo, el juicio, el espejo y la aceptación.
Y somos enteramente. Nosotros.