miércoles, 23 de julio de 2014

Contame qué soñaste


Mucha gente cree que no contando sus sueños preserva, oculta o niega sus partes  oscuras, impresentables.
Pero no es así. Esas partes, todas las partes de un ser, se notan, aun sin decir nada, sin hacer nada. Porque todo lo que somos, lo que pretendemos ser, lo que evitamos ser y lo que podríamos ser.
Se nota.
Hay aspectos que una persona nunca conocerá de si misma. Esos aspectos son visibles en breves fragmentos de tiempo, para el otro. El observador, el escucha adiestrado en el silencio de la contemplación.
Cuando narramos los sucesos reales de nuestra vida, un porcentaje bastante alto de los detalles, son inventados, están cambiados, o se omiten.
Porque vivimos pendientes del odiado juicio del otro, aunque el verdadero otro esté dentro de nosotros mismos.
Solo en los sueños, en su recuerdo, somos reales.
Escudados en la defensa de que solo se trata de un sueño, olvidamos el miedo, el juicio, el espejo y la aceptación.
Y somos enteramente. Nosotros.

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