jueves, 24 de julio de 2014

Bifurcaciones

Seguí andando hasta llegar a una especie de jardín interior, un lugar agradable  a pesar del tiempo que había pasado sin que nadie se ocupara de el. Viejas estatuas contaban historias íntimas,  enredaderas que han perdido sus hojas y dejan ver la savia que corre por ellas, exóticas plantas que se convierten en alguna clase de seres con piernas que se deciden a irse del lugar y lo hace traspasando los muros como si de cortinas invisibles se tratara. Recién lo tomo en cuenta, en este lugar no hay puertas, ni ventanas, solo el cielo, allá, mucho después  de los altos muros. Un cielo nocturno pero todo aquí está iluminado por luz de día. Ya nada debe parecerme extraño. Estoy soñando otra vez y no hay ley, ni lógica, ni nada. Las cosas son. Así como son.
Estoy encerrada. En un lugar agradable, pero presa. Y ni siquiera me veo preocupada, más bien me siento a salvo. Entonces la estatua del viejo emperador me levanta como si fuera una hormiga y con su cara de piedra antigua me trata de devorar. Pero yo no quiero y lucho. Pero tiene mas fuerza y me gana, entonces estoy dentro de la estatua, no puedo moverme, atrapada entre una enorme mole de piedra deliciosamente tallada por fuera, pero agobiadoramente apretada por dentro. Decido recordar el cielo nocturno, me llama la atención un cometa con su cola color turquesa y una estela violeta y allí estoy. Montada en un cometa, libre del jardín y la estatua, en el negro infinito con lejanas estrellas titilando a mi oído que ya es hora de regresar, o de emprender el nuevo viaje.

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