El piso, las paredes y el techo eran de piedra. Como si el corredor hubiese sido excavado en un amasijo de piedras y lava. A pesar de la dureza de las rocas, se sentía como si fuera caminando por dentro de venas o arterias o alguna cosa viva de algún modo.
El silencio era inquietante, se comía hasta el eco de mis pasos, intenté emitir algún sonido para corroborarlo, pero no podía. Ningún sonido salía de mi garganta ni aun si intentaba gritar. Quise golpear mis palmas, chocar contra las paredes o el piso, pero era imposible generar algún ruido en ese lugar.
Me toqué el cuerpo, estaba sólida. Me provoqué dolor y hubo respuesta. Yo estaba bien. Era el exterior donde algo no estaba funcionando.
Había aire, podía respirar bien, pero algo me inquietaba. Sentía la urgencia de seguir caminando, no de correr, caminar con cautela, como dándome tiempo a resolver cualquier encuentro inesperado. Debía seguir andando, ir hacia una salida.
No tenía inquietudes extraordinarias. A pesar de lo extraño o desusado de la situación, estaba calma. Solo impulsada a caminar. Llegar a donde fuera.
Había luz, no se veían lámparas ni ninguna clase de artefacto conocido que la produjera. Era una luz natural, proveniente del aire mismo.
No se cuánto tiempo caminé.
Pero estaba cansada, me apoyé a descansar en el muro y se sintió blando. Mi forma se adentró en la roca como si toda la pared no fuera mas que una lámina vinílica sobre la que se proyectara la pared de dura piedra. Me asusté. Me paré en el centro, el piso también era blando, respondía a mi pisada, no tan blando como las paredes. Algo estaba funcionando mal.
Corrí, intentando dejar atrás esa blandura casi animal, o humana.
De tanto ir por la dura roca, lo blando se había vuelto peligroso.
Mientras pensaba esto, otra vez el túnel, volviéndose más redondo, recuperaba su dureza, eso me tranquilizó.
Ahora caminaba por un túnel redondo de dura roca, iba hacia...no sabía dónde, pero esperaba que fuera la dirección correcta.
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