viernes, 25 de julio de 2014

Deep


Luz, materia, sonido tubular, colores iridizados, imágenes convulsivas, acuáticas, sensaciones húmedas.
Y la luz siempre existente sin determinar su justo origen, inundándolo todo. Ella despierta y se yergue de su cápsula de madreperla, no puede verme, somos de distintas dimensiones. Qué hago aquí? Qué hace ella aquí? Quién está en el lugar equivocado? 
El espejo revela detrás del humo un reloj antiguo que no anda. Está tan quieto que se diría que nunca contuvo el tiempo.
Un hombre anciano de largas barbas blancas nos mira con alguna clase de ternura milenaria.  Nos ve, a ambas, él está en una tercera dimensión. Ella no nos ve. Ella está sola. Ombligo accidental de un mundo sumergido. Detenido.
Intento entender y me duele la cabeza, entiendo que la comprensión no depende del encierro de la mente. Aspiro la luz, el hombre aprueba, me ubico en el centro y vibro con todas las partes de mi ser en sincronía. Ahora se. Ella me mira, y por un instante me ve. Entiende.
En todos los mundos se ha decretado el silencio de la palabra que no sea poesía.

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