
El cielo es un gran pato con hambre de ayer. Nos va a devorar. La lluvia ya se cierne sobre zonas cercanas. Algunos animales huyen. Algunos hombres también. Solo el árbol triste se pone alegre. Pudiera ser que lloviera. Y mucho. Las grietas de la tierra se abren como gargantas sedientas en espera. Los recolectores de agua de lluvia se preparan. Los truenos suenan como grandes amenazas. El silencio de los pájaros que hasta recién alborotaban el monte cercano, aterra. Nada malo puede pasar. Solo que llueva y llueva y esta sea la última lluvia y luego todo el planeta no sea más que una gran charca girando en un universo insensible y callado. También puede pasar otra vez, que las nubes nos salteen. Que sigan de largo, regando otros lugares y mañana amanezca soleado y húmedo. Pueden romperse todas las condiciones de normalidad y cosas asombrosamente malas o buenas vayan a suceder. Podría morir mientras escribo y no poder leer nunca más una palabra de inquietud o letargo. Nunca pienso ninguna de estas cosas por eso me invaden con sorpresa y opresión. Va a llover. Y espero que sea pronto. Porque el tiempo se ha convertido en una enredadera que sube por mis piernas y ya me está llegando al pecho....
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