miércoles, 29 de abril de 2015

La nave inusual

Era extraño ir a tanta velocidad sin sentir el viento en la cara. No había viento en ninguna parte de todo ese cosmos nuevo y amenazante. Ni siquiera la palabra amenaza tenía peso. Todo era tan leve, sutil y pasajero que supe en el momento que se trataba de un sueño. Intenté soltarme del extraño cilindro al que iba asida y casi me caigo. Volví a abrazarlo con más cercanía y sentí la savia dentro, corriendo hacia algún lugar, iba y venía con el mismo ritmo que mi sangre. No podía sentir mi propio corazón, pero sentía latir esa especie de tallo, porque más adelante, tapándome los resplandores, iba una margarita solar buscando su destino, indiferente al microbio interestelar que llevaba adherido al final de sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario